
La verdad es que está siendo muy duro el «goteo» incesante de salesianas, muchas de las cuales tuvieron presencia activa en nuestro colegio. La última en hacerlo ha sido nuestra querida Sor Aurora. No hay texto suficiente para escribir lo que ha supuesto su pérdida y el vacío profundo de quienes la conocieron. Solo puede llenarse con la satisfacción del recuerdo, de una vida entregada…y el convencimiento de que estará feliz junto a su querido Dios en un cielo sin sillas de ruedas.
Aquí tenéis su perfil biográfico, acompañado de algunas imágenes de su paso por el colegio. Descansa en paz, Sor Aurora. Te queremos.
SOR AURORA SÁNCHEZ PÉREZ
Nació en Barruecopardo (Salamanca) el 14 de abril de 1927. Profesó en San José del Valle el 6 de agosto de 1948. Pertenecía a la inspectoría María Auxiliadora de España.
Sus padres, Leoncio y Cándida, formaron una familia cristiana numerosa de ocho hijos de entre los cuales, Aurora, era la cuarta. Una familia unida, trabajadora y cristiana, rica en valores humanos y en fe, que acompañó el florecimiento de la vocación religiosa en seis de sus ocho hijos, consagrados a Dios: dos SDB, una misionera jesuitina, un sacerdote diocesano y dos Hijas de María Auxiliadora, Aurora y Josefina, que ya hace algunos años la ha precedido en el Cielo.
Ella misma dice, hablando de su niñez, que desde pequeña se sintió atraída ‘por la Iglesia y sus cosas’ y que el ambiente cristiano de su casa, el párroco que la orientó y Dios que la atraía de diferentes modos le fueron indicando su camino en la vida.
Conoció el Instituto por medio de los Salesianos que llegaban a su pueblo en verano organizando el Oratorio diario. Su maestra, hermana de don Manuel María, salesiano, la puso en contacto con él y cuando solo tenía 16 años ya le confió su inquietud vocacional. Muy implicada en la vida parroquial, tras leer la vida de Don Bosco, vio claro que su camino era ser Hija de María Auxiliadora y sus mismos padres la acompañaron a la Casa María Auxiliadora de la calle S. Vicente en Sevilla, donde desde el principio se sintió muy acogida. El cambio de vida fue fuerte, no conocía nada del Instituto ni de su forma de trabajar, cuenta ella misma que en estos momentos observaba como actuaban las hermanas para aprender con humildad, preguntaba y exponía sus experiencias, intentando responder con diligencia y acierto a lo que tenía encomendado. Confiando en el Señor y dejándose acompañar fue adelante, trabajando y estudiando Magisterio al mismo tiempo. Así fue como fue afianzando y consolidando su entrega al Señor.
Aurora ha pasado haciendo el bien por las Casas de Sevilla-María Auxiliadora (c/San Vicente), Sevilla-San Bernardo, Valverde, Calañas (dos veces), Churriana, Arcos (dos veces), Utrera, Sevilla-María Auxiliadora y Sevilla-Madre Mazzarello. Ha sido una hermana disponible para vivir tanto en comunidades numerosas como en pequeñas comunidades, muy insertas en la vida parroquial, donde ha pasado muchos años de su vida.
Sus propias palabras recogidas de sus escritos, describen su vida: “Me he esforzado en corresponder al gran Amor de predilección por parte de Dios, dándome en todo lo que se me ha confiado y sintiéndome plenamente feliz y contenta siempre, aún en los momentos menos buenos”.
Sor Aurora ha sido una hermana enamorada de su vocación, de convicciones recias y sólidas, comprometida radicalmente con el Señor y con la misión que en cada momento le ha confiado, disponible a la voluntad de Dios y con un gran sentido de pertenencia al Instituto. Austera para sí y generosa con quien la rodeaba, esencial en sus necesidades y abierta a las necesidades del otro.
Durante su vida ha desarrollado la misión a través de servicios diferentes: como profesora de párvulos y de religión, asistente, directora de comunidad, catequista, animadora de las ADMA y portera. Algunas hermanas, todavía hoy, recuerdan cuánto aprendieron de ella en los campamentos cuando, ya mayor, se prestaba a la asistencia de los chicos en las horas más difíciles, propiciando así que se hiciera con sosiego la reunión de los animadores. A lo largo de su vida, su corazón pastoral, ha sabido acompañar a todos -niños, jóvenes y adultos- al encuentro con Jesús y María, una palabra a tiempo, un saber estar sacrificado y gratuito, desde la sencillez, la escucha y la sonrisa acogedora. No podemos olvidar el compromiso pastoral desde la catequesis, que en muchos lugares ha sido su principal misión. La hemos visto prepararse con esmero y atender la preparación de los catequistas, acompañando a muchos niños y a sus familias hacia los Sacramentos de iniciación cristiana. En su larga etapa en la portería de la Casa María Auxiliadora de Sevilla, ha sido una presencia entrañable, llena de celo y admirada por todos, ni el frío, ni el calor, ni la noche que llegaba, la han hecho decaer en su compromiso de ser presencia salesiana acogedora para cuantos llegaran, el tesoro de una Casa Salesiana, del que hablaba Don Bosco, lo hemos visto palpable en la S. Aurora. Ha sabido valorar el regalo que supone vivir la misión compartida, reconociendo cuanto aporta cada uno: profesores, catequistas, hermanas, padres, animadores, etc.
Ya mayor, en su sillita de ruedas, profesores y alumnas mayores iban a verla y le daban un paseo por el patio del colegio, una tierra sagrada para ella, incluso algunas veces los sábados por la mañana. Las personas que la han conocido dicen de ella que tenía una atracción natural hacia los niños y jóvenes, ‘con vosotros me siento a gusto’, expresaba con las palabras y con la vida.
Preguntada en una ocasión cuál era su deseo para el futuro, decía que su deseo era identificarse con Cristo lo más posible, santificarse en el día a día, aceptando su voluntad. La vida de sor Aurora ha sido la de una mujer consagrada convencida, que ha buscado al Señor cuidando su vida espiritual con esmero, en la oración y en la relación con los otros, desde la lectura y el amor al carisma, en el convencimiento que ella expresaba con la Palabra de Dios que la guiaba, ‘todo lo puedo en Aquel que me conforta’. Fiel a la oración comunitaria, dedicaba espacios prolongados al encuentro personal con el Señor, pasando largos ratos en su presencia en la Capilla. Su amor a María Auxiliadora le ha llevado, durante toda su vida, a hacerla conocer y a propagar su devoción. Durante mucho tiempo ha acompañado a diferentes Asociaciones de ADMA, disfrutando de poder compartir con ellas su amor a María y procurando su formación. Abierta siempre a la Familia Salesiana ha sabido valorar el gran don que supone pertenecer a ella, intentando conocer a las personas que formaban parte de los diferentes grupos, para todos ha tenido siempre una palabra de ánimo y de bien, siempre desde la discreción.
En comunidad, S. Aurora ha sido una presencia cercana, fiel a los momentos de encuentro, muy responsable, sabía aportar y construir ambiente, generosa en el trato, aportaba cuanto estaba de su mano. Su vida estaba centrada muy conscientemente en lo esencial y esto se transparentaba con fuerza en la Comunidad. Nunca una queja ni una palabra fuera de lugar.
En 2017, tras empeorar su estado de salud, llegó a la Casa Madre Mazzarello, donde tras un tiempo de mayor dificultad se restableció bastante. Las hermanas y el personal sanitario han valorado siempre su delicadeza, su estar siempre activa a través de pequeños trabajos y servicios (doblaba y emparejaba calcetines, destruía algunos papeles…), sin ninguna exigencia y siempre con agradecimiento, con amplia sonrisa ante cualquier detalle y flexible a pesar de la edad. Le gustaba participar en el ‘taller de memoria’, empeñándose con mucho interés en hacer las actividades de estimulación cognitiva que se le proponían; la persona que la acompañaba en estos momentos la define como ejemplar. Siempre en las manos de Dios esperando que Él viniera. El COVID-19, unido a su estado de salud cada día más delicado, han sido la causa de su fallecimiento.
Querida sor Aurora, damos gracias a Dios por tu vida, consagrada al Señor en el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, has sido un testigo fiel y como era tu deseo ‘Él ha crecido y tú has ido desapareciendo poco a poco’. Nos dejas el ejemplo de una persona buena, instrumento de Dios en su Iglesia, una Hija de María Auxiliadora feliz. Intercede por la Inspectoría, por las hermanas y seglares, por tu familia, y pide a la Virgen que muchas jóvenes descubran la belleza de consagrarse al Señor.
María del Rosario García Ribas
Provincial








