Adiós a Sor Conchita Morales

Nuestro colegio despide con cariño a una Salesiana que fue muy importante entre nosotros.

SOR CONCEPCIÓN MORALES REDONDO

Nació en Cádiz el 9 diciembre 1926.

Profesó en San José del Valle (Cádiz) el 6 de agosto de 1953.

Pertenecía a la Inspectoría María Auxiliadora de España.

  1. Conchita, como así la llamábamos pertenecía a una familia formada por sus padres, José Luis y Emilia, ambos maestros, y cuatro hermanos, de ellos recibieron una educación cristiana, disfrutando de un ambiente de familia sano, sencillo y de estudio. Aunque nació en Cádiz, su vida está vinculada a Montellano, donde trasladaron a su padre maestro del Estado.

 

Conoció a la vida salesiana, a través de los Salesianos, que llegaron a Montellano y abrieron un oratorio, para chicos y chicas. Allí, Conchita, conoció a D. Bosco y Madre Mazzarello, dejándose acompañar por el director de la Casa que, según ella misma recuerda en sus escritos, fue de gran ayuda en su vida y a través de él entró en contacto con el Instituto. Tras un periodo de intercambio de correspondencia con las hermanas, en el que se fue clarificando su opción vocacional, entró en el aspirantado.

 

Cuando profesó fue destinada al Hogar Escuela de Santa Cruz de Tenerife, donde concluyó sus estudios de Magisterio. De este primer periodo nos cuenta: “siendo estudiante fui asistente de las jóvenes internas de Magisterio, las acompañaba en sus largos ratos de patio y era feliz con ellas. La comunidad, de 40 hermanas, me entusiasmaba, éramos todas jóvenes y con una alegría transformante. Trabajábamos mucho con las niñas y las jóvenes, pero todas éramos felices”.

 

Posteriormente pasó haciendo el bien por la Casas de Granada, S. José del Valle (dos veces), Hornachos, Utrera, Jerez-María Auxiliadora (dos veces) y Sevilla-María Auxiliadora S. Vicente (también dos veces). Últimamente, cuando sus facultades fueron mermando y estaba necesitada de cuidados especiales, pasó a formar parte de la Comunidad Madre Mazzarello de Sevilla.

 

A lo largo de su vida ha realizado servicios variados, siempre demostrando gran responsabilidad: asistente de internas y en casas de formación, directora de comunidad en varias ocasiones, secretaria de la escuela, maestra y directora pedagógica.

 

  1. Conchita era una persona afable, serena, discreta y educada, de buen trato y de convicciones profundas. Sabía aportar su punto de vista con claridad y respeto, era agradecida y sencilla en las relaciones. Amaba su vocación, la vida comunitaria, la misión que tuviera encomendada. Constante en los momentos de oración comunitaria, vivía con la certeza de que era el Señor el que fundamentaba su vida. Quería a María Auxiliadora entrañablemente y la hacía querer entre los profesores, jóvenes y adultos con los que se relacionaba.

 

A la pregunta de qué diría de su vida como Hija de María Auxiliadora, contestaba: “diría  que siempre me he sentido feliz, que doy gracias a Dios por ser Hija de María Auxiliadora, que se cumplieron todos mis objetivos. Sentí la mano de Dios y me dejé llevar por Él. Agradezco a todos los que me ayudaron”.

 

Mientras que tuvo ocasión de hacerlo, colaboró con gusto en las tareas de cotidianas de la comunidad y siguió el ritmo comunitario de encuentros y oración. En estos últimos años su salud se deterioró mucho a causa del Alzheimer y hemos podido ver como, progresivamente, serena y sin hacer mucho ruido, tal como había sido siempre su vida, se ha ido apagando hasta recibir el abrazo del Padre.

 

Gracias S. Conchita por tu vida entregada y por tu corazón salesiano, nos dejas en la memoria el recuerdo de una hermana buena y feliz de su vocación. Intercede ante nuestra Madre Auxiliadora para que el Señor, mueva los corazones de los jóvenes y muchos quieran regalar sus vidas a otros jóvenes, en la Familia salesiana.

 

  1. María del Rosario García Ribas

Provincial